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«La novela social»…¿pero es que acaso la novela puede no ser social?

Juana Vázquez Marín, escritora y doctora en Filología por la Universidad Complutense.

Podríamos hablar de innumerables cuestiones con Juana Vázquez en torno a literatura, especialmente a la literatura costumbrista del siglo XVIII, de la que es gran conocedora, pero en esta ocasión lo haremos sobre la novela social y de forma especial en torno a un autor enmarcado en ella: Julián Zugazagoitia, escritor y político socialista vasco que en los años 30, junto a otros autores como Sender, Altolaguirre, Díaz Fernández, Arconada,… pusieron las bases de lo que luego se reconocería como novela social española en los años 50 con autores tan conocidos como Delibes, Cela y otros.

Berez Haziku (BH): Al revisar tu aportación al estudio de la literatura española, me llamó mucho la atención que hicieras tu tesis de licenciatura con un trabajo sobre Zugazagoitia allá por el año 77. En aquellos años no mucha gente reivindicaba su figura y su obra y aún hoy en día es ampliamente desconocida ¿Cómo te dio por ahí?.

Juana Vázquez Marín (J.V.M.): Yo siempre he sido de ideas socialistas y en los años en que comencé a darle vuelta al tema de mi tesina, lo primero que se me vino a la mente fue que debería basarse sobre alguien de mi cuerda. Eran tiempos convulsos, había muerto el dictador y yo quería poner mi granito de arena para que España se abriera al progresismo. Con estas ideas hablé en la facultad con un profesor que me había dado clase en Hispánicas, y me sugirió una serie de nombre conocidos por el Nuevo Romanticismo entre los cuales estaba Zugazagoitia. Añadió que en el 1934 había sido nombrado director del periódico El Socialista, así como que también escribió varias novelas de las que se considerarían sociales. No lo pensé más y me fui a la Biblioteca Nacional a investigar sobre él.

BH: Al conocer un poco su obra y su corta vida, da la impresión de que a Zuga unos le enterraron y todos le olvidaron, incluso los que se suponen fueron sus compañeros de bando. Imagino que ello no puede ser explicado en base únicamente al hecho de que Zuga estuviera del lado de Negrín, político que también tuvo que sufrir el descrédito y el olvido tras la guerra. ¿Qué opinas?.

J. V. M.: La verdad que no tengo opinión sobre eso, yo he investigado a Zugazagoitia en su versión literaria más que en su política que lo he hecho muy superficialmente, pero creo que no fue olvidado, era un hombre que tuvo muchos cargos. Empezó como concejal del Ayuntamiento de su pueblo hasta llegar a un puesto de diputado en las Cortes Republicanas, y después a ministro de la Gobernación en el Gabinete de Negrín en el 1937. Desde abril de 1938 hasta el final de la guerra desempeñaría la Secretaría General de Defensa Nacional. Un hombre que desempeñó tantos cargos no creo que fuera olvidado, pero ya digo que no tengo opinión sobre ello.

«Zugazagoitia, combinando residuos de naturalismo con el entusiasmo por las novelas de la revolución rusa, presenta su esfuerzo literario sobre el fondo de una realidad social.»
J. M. V., (Tesis, p. 64)

BH: Zuga, en su última obra, póstuma, («Guerra y vicisitudes de los españoles») supo ser ecuánime y conciliador y aportar una mirada objetiva en un momento tan crítico y duro en general y en lo particular (final de la guerra civil y momentos iniciales de la guerra mundial, exilio, persecución…). Hay un consenso en que Zuga fue tan generoso, tan noble, que incluso enemigos del bando nacional, herederos del franquismo y hasta falangistas reconocen su labor.

J. V. M.: Sobre la forma de ser de Zuga  y de su carácter conciliador me remito a las palabras de muchos de lo que escribieron sobre su forma de ser que siempre hablan de su carácter apacible y honesto, por ejemplo Roberto Mesa en su prólogo al libro, «Guerra y vicisitudes de los españoles» le llama  “Bilbaíno honesto integrado en la estirpe socialista de hombres dedicados al periodismo diario…” o una crónica hecha sobre su libro en la marcha de los acontecimientos de la guerra se dice ”…El relato de un testigo honesto que sólo tenía un compromiso: el que le unía a España”. Él mismo, en el pequeño prólogo que hizo para la reimpresión que se tituló «Historia de la guerra de España» , Zugazagoitia da una lección de amor y perdón …” paz para las nuevas generaciones”.

BH: He comprobado que lo que fue la corriente social de la Vanguardia, entre los que Sender sería el más reconocido y Zuga uno de sus iniciadores, fue un tercera vía de renovación de la literatura que fue aparcada, primero, por las circunstancias de la propia guerra  que reclamaban plumas para la trinchera y, después, cancelada brutalmente por la represión, el exilio y cuarenta años de franquismo. ¿Cómo ves la novela social de los 30 en relación a la deshumanización del arte que anunciaba ya en 1930 Ortega? ¿Sobrevivió el espíritu de la novela social de alguna forma en el surgimiento del realismo de los 50 y 60?

J. V. M.: Lo de los precursores de la novela social cuando las vanguardias arrasaban, me parece, por decirlo así, un acto de valentía y compromiso. Aunque no fue una novela social de primera, se comprometió con su tiempo, difícil y turbulento. Para mí Zuga siempre será el precursor de la novela social, un camino literario innovador y comprometido, no estaban esos tiempos para jugar con el arte sino para denunciar lo que estaba pasando. Y en cuanto si sobrevivió la novela social en los años cincuenta y sesenta es obvio, una novela social más realista y lograda, la de Zugazagoitia, como todo lo que empieza, no era una novela social como la que vendría un cuarto de siglo después, pero tenemos que pensar que en una época en que la literatura era el arte por el arte, Zuga inició una novela, y por tanto una literatura, que conectaba con la realidad social de su tiempo exponiendo los problemas y vicisitudes de los desfavorecidos.

BH: Es remarcable que estamos hablando de apenas 10 años de esplendor de esta corriente, años durante los que al parecer subió notablemente el consumo de literatura y literatura social por parte de las clases populares.

J. V. M.: Es normal que entre las clases populares subiera el consumo de esta novela social de los inicios. La otra opción como el dadaísmo, el futurismo, el expresionismo, cubismo, creacionismo, surrealismo, etc. era una deformación de la realidad, un juego literario para la gente aburguesada y los dedicados a la renovación del arte rompiendo con todas las tradiciones artísticas, donde no se reflejaba el pueblo ni sus problemas de miseria y de injusticia social.

BH: Al hilo de la deshumanización del arte, Zuga tenía una gran obsesión por evitar el divorcio entre el pueblo y el arte (algo que Ortega casi deseaba), son conocidos los intentos de Zuga por ayudar al proletariado a llegar al arte nuevo a través de sus colaboraciones en la “Gaceta literaria” en la que mantuvo una sección con ánimo didáctico y divulgador.

«El novelista ha de intentar amonestarnos para la realidad, dejando al lector recluso en la hipnosis de una existencia virtual,… Las almas de las novelas no tienen para qué ser como las reales, basta con que sean posibles» (Ortega, «La deshumanización del arte e ideas sobre la novela», 1928).

J. V. M.: Muy cierto, Zugazagoitia quería una clase obrera culta, y por supuesto, el proletariado no podía acceder a la cultura a través de las vanguardias, pues en ella no tenían ni arte ni parte, por eso inició un arte nuevo, la novela social, con la que la clase menos favorecida se identificara y no se quedara al margen de la cultura, que era lo que Ortega, como bien dices, deseaba, pues en el fondo pensaba que la cultura no estaba hecha para las “masas”.

BH: ¿Dices en tu tesis “pero es que la novela puede no ser social?”, ¿qué espacio tiene hoy, 80 años después, la literatura social o como se pudiera llamar ahora?, ¿se mantiene bajo otro nombre?, mantiene algunos presupuestos que se defendieron en aquellos años 30?

J. V. M.: Yo creo que hay novela social y la habrá siempre, aunque deje de ser un género, como la novela policíaca, histórica, negra, etc. Para mí ha desaparecido como género, pero su contenido, social, que no es el de los años treinta ni cincuenta y sesenta, sigue. Hoy por hoy hay muchos problemas de injusticias sociales como siempre, pero no son los mismos que entonces, aunque en esencia es igual, la injusticia, pero ya nadie se propone hacer una novela social. Todo aquel escritor que se preocupa por los masacrados y perdedores, de una u otra forma, lo refleja en sus novelas, no se le puede llamar a ese contenido novelesco novela social, pero sin duda lo es. Para concluir: la novela social ha desaparecido como género pero no como contenido novelesco.

BH:  Curioso paralelismo entre esta tercera vía, a medio camino entre la del arte deshumanizado que promulgaba Ortega y el arte tradicional, y el de las tres Españas, las dos que se batieron dentelladas en la guerra civil y aquella que quedó agazapada y se disolvió en una hipótesis reivindicada por algunos historiadores.

J. V. M.: Una pena que esta tercera España no siga por lo siglos de los siglos. Para mí la mejor España. Y sí, Zugazagoitia era un representante de esta España de la razón y la objetividad, no se ”batía a dentelladas” contra la España de los que se suponían y suponen dueños de ella. Una pena que haya desaparecido, pues en la actualidad no queda restos de ella.

BH: Como dice Zuga. “La verdadera problemática de cualquier novela social radica en la lucha de clases a todos los niveles y desde todos los enfoques posibles, …”  ¿Puede hallarse esa línea divisoria entre lo panfletario y lo social en el hecho de que esas problemáticas sean expuestas sólo desde uno de esos enfoques referidos y en que no se posibilite evidenciar relaciones sociales y humanas de tipo dialéctica entre las razones de ambas partes?

J. V. M.: Poco tengo que añadir a lo que dices, sino que estoy de acuerdo por completo con Zuga y tu pregunta, partiendo de sus palabras. Si se hace hincapié solo en un nivel, el resultado de la obra es el panfleto o libelo, no hay novela social, pues no se enfoca la trama desde todos los puntos de vista de lo humano, no hay dialéctica pues no se contraponen, y por lo tanto no se profundiza en las relaciones que existen en una sociedad -de por sí siempre compleja-, en el factor cultural, económico, político, ideológico etc y en toda su complejidad y diversidad.

BH:  Si añadimos a lo anterior un personaje (no un arquetipo de personaje, esquematizado, vacío) en un contexto histórico de conflicto de clases, ¿tendremos una obra válida en la que el sujeto, la subjetividad, no queda anulada por las objetividades del proceso histórico (lucha de clases, avances sociales, llegada de la utopía, o lo que fuera)?

«La influencia del socialismo utópico en la literatura española es una zona poco transitada por los investigadores es una zona poco transitada por los investigadores…Sue, Sand, Soulie, Balzac, Hugo, tuvieron conciencia de la dimensión social de sus obras y escribieron para un público determinado con propósitos específicos» (J. M. V., Tesis, p. 70)

J. V. M.: Yo creo que no, pero depende en qué contexto histórico se inscriba. De todas formas, creo que un solo personaje no puede anular ni la objetividad ni la subjetividad, se necesitan hechos contrapuestos, se necesita que haya dialéctica, diversos planos, diversos puntos de vista; yo creo que para que una novela sea literalmente social y no planfetaria necesita la objetividad y también la subjetividad. No sé si he contestado bien a lo que se me ha preguntado, pero yo de esa forma lo percibo.

BH: Usted ha publicado novelas y poesía y recientemente ha presentado “El Desconcierto de Vivir” ¿qué le supone a usted la literatura y la labor de escritura creativa al margen del análisis histórico y literario, del ensayo?

J. V. M.: Para mí la literatura es una forma de vivir, yo desde muy pequeña ya hacía poemas y con 13 años escribí una novela, claro está, de carácter romántico, pero mi vida no tendría sentido sin la creatividad, es una forma de mirar el mundo, y de reconocerme en esa mirada. Necesito día a día bucear en otros mundos, y eso me lo da la creatividad, sin ella me sentiría vacía.

Hasta otra ocasión Juana, gracias por tu atención y por compartir tu trabajo de investigación en el campo de la literatura. A la espera de poder leer tu último libro, amenizamos la espera con los poemas que deslizas de vez en cuando en tu cuenta de Twitter.

Entrevista realizada el 4 de Mayo del 2023

Fotografía: https://poetryalquimia.wordpress.com

Biografía: Asociación de Escritores Extremeños: https://www.aeex.es/

Fotografía de Joan Colom, «Hombre llorando»

Durante los años 50 la transformación de la fotografía española se fraguó en la fotografía social (urbana o rural), el documental neorrealista y el reportaje humanista en línea con las corrientes que se desarrollaban en Europa. Autores como Piedad Isla, Francisco Gómez, Joan Colom, Ricard Terré o Gabriel Cualladó supieron retratar una sociedad de posguerra sin despreciar al trasluz una mirada poética y evidenciando un directo, a veces tamizado, tono social que conectaba con la literatura social de los 50 y 60.

«Yo no sabía que estaba haciendo fotografía social en aquel momento. Yo sólo hacía fotografía y buscaba imágenes que me emocionasen. A veces he empleado este término para definir mi trabajo, pero para mí quiere decir simplemente que no hago paisajes o bodegones. Yo hago la calle. Con mis fotografías busco ser una especie de notario de una época.» Joan Colom, 1999

(De la exposición «Yo hago la calle. Joan Colom, fotografías 1957-2010«)

Hemos querido rendir un tributo a ese grupo de fotógrafos incluyendo una obra de Joan Colom en este post relacionado con la novela social.

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